El Mercado Financiero puede considerarse como un haz de mercados en los que tienen lugar las transacciones de activos financieros, tanto de carácter primario como secundario.
Los primeros suponen una conexión directa entre lo real y lo financiero; además, sus mecanismos de funcionamiento se interrelacionan según los plazos y garantías en cuanto al principal y su rentabilidad real (tipo nominal menos la tasa de inflación). Los segundos, proporcionan liquidez a los diferentes títulos. Para ello, los mercados secundarios deben funcionar correctamente, dado que a través de ellos se consigue que el proceso de venta de las inversiones llevadas a cabo en activos primarios (desinversión por parte de los ahorradores últimos) se produzca con la menor merma posible en el precio del activo, y menores comisiones y gastos de intermediación. En ese sentido, la liquidez se subordina a la limitación de constes y reducción de plazos.
En síntesis, esta labor puede der llevar a cabo, bien sea directamente o bien a través de alguna forma de mediación o intermediación por el Sistema Financiero.
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